NUMERO 108 - mayo

En el Arte también existen historias de vida


"Para pintar, primero debo conocer tu alma. 

Cuando conozca tu alma pintaré tus ojos" 

Amadeo Modigliani

Hechizado por los enigmas del alma de su musa y amante, la desnudaba de noche y la pintaba de día.


 Amadeo Modigliani y Jeanne Hébuterne

Un trágico amor


Una vida intensa, pero breve, marcada por los excesos, la enfermedad, el amor, la pobreza y, sobre todo, por un increíble talento artístico.

En julio de 1917, a los 33 años, conoce a una joven de dieciocho años, Jeanne Hébuterne, que proviene de una familia de la pequeña burguesía parisina católica. El padre de la joven, de costumbres austeras, nunca aceptó aquella relación, pues consideraba al pintor y escultor italiano un judío inmoral, borracho y libertino. Y, de hecho, lo cierto es que la actitud bohemia y provocadora de Amadeo Modigliani no ayudó mucho para cambiar aquella imagen negativa. Pero ella desafía la prohibición y se distancia de su familia, instalándose con él en el barrio Montparnasse de París, en dos pequeñas habitaciones a lo alto de una empinada escalera. A partir de ese momento la hermosa joven se convierte en la musa y modelo principal de Amadeo, quien la retrató, una y otra vez, sin descanso, mientras continuaba abusando del alcohol y las drogas a pesar de su delicada salud.


Ella es una muchacha muy bella, tranquila, delicada, amable. Cuando le presentan a Modigliani, se enamora perdidamente. Él, sin detenerse en sus adicciones, pinta todo el tiempo. Es capaz de terminar un cuadro en dos horas pues su inspiración y talento se lo permiten. Pero Amadeo vive en un torbellino y Jeanne es arrastrada junto con él. Ella lo sigue de forma incondicional, todo lo consiente, lo aprueba y lo tolera. Su amor por Amadeo es tan intenso como el de él  por ella. Tal es la fuerza del sentimiento que los une que, en esos años, los que conocen su relación sólo hablan de eso. En un segundo plano quedan los comentarios sobre las descomunales borracheras del pintor, que lo persiguen desde siempre.

El 29 de noviembre de 1918 tienen una hija llamada Jeanne. Por desgracia, esta niña será uno de los últimos motivos de alegría en sus vidas.  Devastado por la enfermedad y los excesos, Modigliani alcanza los más bajos niveles de su destrucción física y psíquica. La vida del pintor transcurrió siempre entre los recorridos por los bares de París, los romances y la venta de sus cuadros por precios suficientes para comprar lo mínimo de comida, y todo lo posible de alcohol y drogas.

Al año siguiente se anuncia un nuevo embarazo, y Modigliani escribe: "Hoy, 7 de julio de 1919, me comprometo a casarme con la señorita Jane Hébuterne, enseguida que lleguen los papeles". Pero, cuando Jeanne se encuentra en estado avanzado de su embarazo, la salud de Modigliani empeora y muere, víctima de una meningitis tuberculosa, el 24 de enero de 1920 en el hospital de la Caridad, en París.

En los días previos…

Antes de ser internado, ha pasado una semana gravemente enfermo en su estudio de Montparnasse. Unos vecinos se preocupan al no verlo hacía días y golpean  su  puerta. Lo encuentran postrado en la cama, agonizando y, a su lado, sin dejar de tomarle la mano, está Jeanne, embarazada de ocho meses, que no había salido ni  un momento de la habitación. No tenían nada para alimentarse. Es como si los dos se hubieran resignado a una muerte inevitable. Nadie los ayudaba porque no se sabía lo que estaba sucediendo. Durante esa semana no habían solicitado ayuda…Y cuando intervienen los vecinos los encuentran en medio de una completa miseria con un alto grado de inanición. El médico sólo puede certificar el estado agónico del paciente.

El 24 de marzo de 1920, a los treinta y cinco años, muere Modigliani. Su entierro es uno de los más concurridos de la historia de París. Todos los artistas de Montmartre y Montparnasse acuden a despedirlo. Entonces, Jeanne regresa con su familia y, como “prefiere morir a vivir sin él”, se suicida, arrojándose por la ventana de la habitación desde un quinto piso. La hermana de Modigliani, que vivía en Florencia, adopta a su sobrina huérfana. Esta niña, Jeanne Modigliani, será autora de una importante biografía de su padre, titulada: Modigliani: Hombre y mito.

A diferencia del entierro de Amadeo, que reunió al grupo más excelso de los artistas franceses reconocidos del momento, el de Jeanne resultó un entierro sencillo y discreto en uno de los cementerios más alejados de la ciudad. Cerca de diez años después, la familia Hébuterne permitió que los restos de Jeanne fueran trasladados al Cementerio Père Lachaise junto a los de su amante eterno. Reposan juntos y en la lápida funeraria común está grabada una inscripción, en italiano, que describe al pintor como "llamado por la muerte cuando había llegado a la gloria", mientras que bajo el nombre de ella dice: "La compañera de Amadeo Modigliani, abnegada hasta el sacrificio extremo".


           Modigliani por Jeanne y Hébuterne por Modigliani

Breves biografías

Jeanne Hébuterne



Nació el 6 de abril de 1898 Desde muy jovencita se interesó por el arte, y en compañía de su hermano André, también pintor, se relaciona con la comunidad artística de Montparnasse. Ella ha nacido en la ciudad francesa Meaux. Su padre, un hombre católico y muy conservador, trabaja como cajero en una mercería. Jeanne estudia pintura en la Académie Colarossi, y luego en la École des Arts Décoratifs, y posa en distintos talleres para ganar dinero. En marzo de 1917 le presentan a Modigliani y se enamora perdidamente de él, instalándose juntos en un taller de Montparnasse. Su padre, al enterarse, se enoja con Jeanne y deja de enviarle las mensualidades.

Jeanne, desde siempre solía frecuentar las calles de Montparnasse (la mayoría de las veces sola y en ocasiones con sus amigas o su hermano).

La escritora Patrice Chaplin la describe así:

Jeanne no era luminaria de la vida de los cafés, sino una figura menor, interesante por sus exóticos turbantes, su capa marrón y sus botas altas. En vez de seguir la moda creaba su propio estilo. Le gustaban la música moderna, caminar, salir con sus amigos, charlar y frecuentar las fiestas. Al mismo tiempo era reflexiva, muy perceptiva y muy sincera al hablar de sí misma.

Y finalmente, la relación con Amadeo… Altos y bajos. Celos. Un embarazo al que Modigliani no puso mucha atención, y que no impidió su infidelidad. Una hija nacida que jamás registró porque se fue al bar en vez de anotar a la niña. Un segundo embarazo del cual lo primero que dijo al enterarse fue: "¡Que mala suerte tenemos!". Y hambre, mucha pobreza y mucho orgullo de parte de los dos. Sin embargo, entre los dos la pasión porque juntos eran fuerza.

Amadeo Modigliani


Nacido en Livorno, ciudad portuaria de Italia en la costa oeste de la Toscana, en 1884. Era bajo, apuesto, intenso y adicto a los excesos, pero tremendamente exitoso con las mujeres. Los desnudos y retratos revelan cómo veía Amadeo el mundo de desenfreno que lo rodeaba. Borracho o drogado se mostraba violento y terminaba cayendo en un estado de profunda tristeza. Cuando permanecía sobrio, era tímido, agradable y seductor.

Una vida nublada por la bohemia de las noches largas de hachís, alcohol, sexo y peleas. Cuando la cocaína mezclada con hachís no le alcanzaba, recurría a una absenta explosiva llamada mominette, un alucinógino destilado hecho de papas. Sus amigos Cocteau y Picasso, entre otros, le llamaban Modí, que es exactamente como se pronuncia la palabra francesa que significa  maldito. Dicen que el nombre es el destino de una persona. El suyo fue el de un marginal, de porte aristocrático. con su traje de terciopelo ocre, camisa amarilla, bufanda roja y un sombrero de ala ancha. Picasso dijo de él que era el único tipo en París que sabía vestir. Recitaba fragmentos de La Divina Comedia, mientras serpenteaba por entre las mesas del bar La Rotonde ofreciendo dibujos por unos pocos francos o por un vaso de vino.

Desde niño se sintió amado por las mujeres. Primero, por su madre, la francesa Eugenia Garsin, una mujer intelectual y corajuda, que inculcó en su hijo el veneno del arte absoluto. Más tarde, por las mujeres de su Livorno natal y por las prostitutas de los arrabales venecianos.

A los veintidós años llegó a París. Era brillante, exquisito, y hablaba el francés sin acento. Vivió en buhardillas miserables, en barrios cosmopolitas, en habitaciones de eventuales amantes y en hoteles baratos de donde lo echaban por vándalo y pendenciero.

Desde muy joven quería ser escultor, pero la tuberculosis, que le afectaba desde los 16 años, y su pobreza, que le impedía comprar la piedra, lo desalentaron de continuar. Entonces comenzó a pintar con ansiedad. Sus modelos eran sus amantes, empleadas de lavanderías, bellas vendedoras, groupies del arte (personas que buscan intimidad emocional y sexual) y chicas de la academia de pintura. Amó a pintoras y poetisas, a judías burguesas y a actrices de color. Casadas, estudiantes menores de edad, francesas, italianas y árabes. 

Dibujó cientos de cuadros y miles de dibujos en solo diez años. Siempre retratos y desnudos. Cuerpos transformados por el deseo y la serenidad, rostros de mujeres atemporales, ojos azules de pupilas ausentes por donde se asoma el alma, cabezas oblongas o elípticas, cuellos cilíndricos como robados a los cisnes. Retratos estilizados que parecen enmarcados por una horca. Festín sensual de líneas definidas y formas ovales que palpitan entre lo íntimo y lo remoto, entre lo tradicional y lo moderno, entre lo occidental y lo exótico. Es un hombre solo, un artista único, un pobre elegante, un moderno antiguo, un italiano francés.

Decía que “pintar a una mujer es poseerla”. En todas descubrió la efervescencia de la sangre y la deformación de sus miradas. Muchas conocieron el temblor de sus caricias en medio de placeres envenenados por la explosión de las drogas y la sensación de muerte.  Fue acusado de maltrato, tanto intelectual como físico, y a todas ellas las marcó de una manera indeleble de por vida, pero todas lo amaron. Incluso muchas de sus mujeres ocasionales se sintieron viudas cuando murió.






Jeanne Hébuterne

 


 

Anna Akhmátova

Sedujo a la mejor poetisa rusa de todo el siglo XX, Anna Ajmátova, a quien conoció en París cuando ella estaba de luna de miel con su marido, el poeta Nicolai Gumilev. Modí tenía 26 años; ella, 21, con ojos verdiaguados, cabello oscuro y un perfil egipcio. El artista y la modelo se enamoraron, pasaron juntos el verano de 1911 y, bajo esa influencia, ella escribió poemas convulsos que forman parte de su primer libro, Atardecer. Él no llegó a pintarla nunca, pero la dibujó 20 veces. Aunque intercambiaron tiernas cartas de amor, se perdieron en el sitio de Leningrado. Fue la menor de las tragedias de la vida azarosa y triste de Anna Ajmátova. Beatrice Hastings


  




Beatrice Hastings



Con la escritora y periodista sudafricana Beatrice Hastings, Modigliani vivió dos años en Montparnasse. Le hizo 11 retratos y una copiosa serie de dibujos. Bajo seudónimos múltiples, esta feminista mística, misteriosa y sexualmente liberada, evocaría el esplendor y las broncas de aquel amor tempestuoso. “Era un cerdo y una perla, hachis y brandy, ferocidad y glotonería”, así lo recordó hace años en la revista New Age. Contó también que Modí la arrojó una vez contra el cristal de una vitrina. Sola y pobre, muchos años después Beatrice Hastings metió la cabeza en el horno de gas, quitándose la vida.

 


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María José Goás es oriunda de La Plata. Se ha desempeñado como docente en Artes Visuales, Historia del Arte y Diseño Industrial en numerosas Instituciones de su ciudad natal y en el Atelier de las Artes que fundó en el año 1984. Por su actividad en Investigación, Gestión Cultural y Producciones Visuales interviene como colaboradora y panelista en Convenciones Nacionales e Internacionales desarrolladas en diversas Universidades del país. mariajosegoas@gmail.com