NUMERO 109 - julio

En el Arte también existen las historias de vida



Una gran obsesión por las mujeres reflejada en el lienzo.

¡Cuánto por hablar sobre este genio de la historia de la pintura! Entonces, por ser éste el mes en el que nacía en Ámsterdam, un día de Julio de 1606, ese gran artista intimista y de mirada humilde - uno de los mejores, si no el mejor pintor y grabador del Barroco neerlandés -, hoy me dedicaré sólo a una de las tantas facetas de su vida. Un hombre que, a pesar de la miseria que le siguió al éxito de su juventud, a pesar de las tragedias que mancharon toda su vida personal…nunca abandonó su obsesión por las mujeres, su inquietud por el cuerpo femenino, pero con una valorización justa y digna.

 

 


Rembrandt descubre que la belleza no es una condición necesaria del arte; al menos no la belleza como integridad o culminación de la forma. Mucho más que un torso perfecto, le interesan las arrugas de un rostro, o de unas manos, o un gesto sencillo. El secreto de Rembrandt reside en el poder de la empatía, en la capacidad para meterse en la piel de sus personajes. En este caso, sus musas.

Detrás de esas figuras legendarias representadas en sus lienzos, con sus disfraces teatrales, siempre creemos reconocer a las mujeres más cercanas a Rembrandt, las protagonistas de su vida. Su madre, Cornelia, a quien, ya mayor, la retrató muy avejentada. Su rubia esposa, Saskia van Uylenburgh, en la primera época esplendorosa, símbolo de la brevedad de la dicha. Geertje Dircks, la nodriza contratada a la muerte de Saskia para cuidar de su hijo Titus, que fue amante del pintor. Y, desde luego, la compañera de sus últimos años, la morena Hendrickje Stoffels. La búsqueda de estos rostros familiares ha llevado a veces a suponer que cualquier imagen de una mujer sin nombre, en la obra de Rembrandt, tenía que representar a su madre, su esposa o a alguna de sus amantes. 

 

                                  

                                                          Retrato de la madre de Rembrandt (Detalle)                           

 

                                                                   Retrato de la madre de Rembrandt (1630)


Un lugar especial lo ocupa  Mujer en el lecho, en la que se reconoce a las tres mujeres más importantes de la vida amorosa de Rembrandt: la esposa Saskia, la nodriza Geertje y la criada Hendrickje. Tras extensos estudios, los expertos han confirmado en el lienzo la presencia de esas mujeres próximas al pintor, y no sólo como objetos de su mirada sino como agentes activos en la evolución de esa misma mirada.


Mujer joven en el lecho
Óleo sobre lienzo 81,1x67,8 cm
.Edimburgo, National Gallery of Scotland

El cuadro muestra  a una joven, de medio cuerpo, incorporándose del lecho y descorriendo, con la mano izquierda, una cortina de color rojo que, en primer plano, dota al cuadro de una sensacional ilusión óptica, mientras el brazo derecho lo mantiene apoyado en un almohadón, al tiempo que intenta cubrirse el pecho con la mano. Lleva puesta una camisa de color blancuzco que le cubre parcialmente el torso, dejando al descubierto el hombro y el pecho derechos. Su mirada se dirige hacia afuera del cuadro, pero parece que dentro de la estancia en la que se encuentra, pues sus ojos dan la impresión de que se posan en algo cercano al lecho. La luz, típica en Rembrandt, que se proyecta a la derecha de la joven, seguramente desde una ventana,  se centra en su hombro y pecho descubiertos, en una pose con clara significación erótica, símbolo de lo que más adelante veremos que forma parte del tema del cuadro. El fondo aparece oscuro, lo que hace que la figura femenina adquiera un mayor volumen, que se acentúa con la intensa iluminación que origina sombras donde ésta no llega. Al fondo, tan sólo se puede adivinar el cabecero de la cama, de madera tallada, apoyado seguramente en una pared. En su pelo recogido lleva un elemento decorativo que nos recuerda a Danae


Danae

Personaje de la mitología griega, la madre de Perseo. Es el retrato de una mujer que aguarda en el lecho nupcial. En ésta, que es una de las obras principales de su pincel, es probable que su esposa Saskia haya sido modelo. Quedan claras tanto la hermosura del tratamiento de la luz como la intención en las delicadas formas femeninas -para nada endiosadas- de esta obra.


            El cuerpo femenino ha sido un lugar estratégico para la posteridad de Rembrandt, y acaso la razón de que no fuera aceptado por las academias europeas hasta el siglo XIX. El cuerpo femenino, y especialmente el desnudo, era el consignatario de los ideales estéticos del Renacimiento; pero, Rembrandt, heredero del realismo dramático de Caravaggio, descubre que la belleza no es una condición necesaria del arte; al menos no la belleza como plenitud de la forma. Mucho más que un torso perfecto, le interesan las arrugas de un rostro o de unas manos, o un gesto sencillo. El secreto de Rembrandt reside en el poder de la empatía, en la capacidad para meterse en la piel de sus personajes. De una empatía que nunca desciende al sentimentalismo, porque en ella la ternura se combina con una implacable objetividad. Frente a la preocupación italiana por los tipos ideales, imperecederos, Rembrandt anda en busca de lo más individual, que es también lo irrepetible, es decir, lo mortal. Por eso sus cuerpos femeninos son más conmovedores que ninguna belleza clásica.  Se lo llama el creador de la “antipose”,  donde la idealización del desnudo femenino cambia por una belleza de un tratamiento más real. Una valorización justa y digna de la imagen del cuerpo femenino.


Una mujer bañándose en un arroyo (1654) - Rembrandt van Rijn


La mujer en ropa blanca. en este cuadro, fue la que secó las lágrimas del pintor días después de que muriera su esposa, Saskia. Stoffels enamoró al artista de una manera tan brutal que no les importó concebir un hijo fuera del matrimonio y en pleno duelo por su difunta esposa, por lo que ambos personajes fueron humillados públicamente y, a pesar de todo, nunca se separaron.

Por algo lo llaman también "maestro del claroscuro". Será por su obsesión de reflejar la luz en sus pinturas, descubriendo el alma humana a través de sus trazos juguetones. Al parecer, Rembrandt disfrutaba pintando a las personas tal cual eran, sin dejar de mostrar belleza y humanidad. También lo denominan “precursor de la fotografía”, por intentar plasmar la totalidad del carácter del modelo de ese instante. Rembrandt creía que un sencillo momento congelado en una imagen tenía el poder de sugerir la continuidad de una vida de la que ha sido selectivamente extraído, encarnando los valores de la franqueza, la seriedad y la honestidad.


Hendrickje ofreció a Rembrandt su amor incondicional, su cuerpo como amante, su cuerpo como modelo y sus servicios como empleada doméstica y cocinera. También le dio la paternidad al hacerle padre de su hija Cornelia.

 

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María José Goás es oriunda de La Plata. Se ha desempeñado como docente en Artes Visuales, Historia del Arte y Diseño Industrial en numerosas Instituciones de su ciudad natal y en el Atelier de las Artes que fundó en el año 1984. Por su actividad en Investigación, Gestión Cultural y Producciones Visuales interviene como colaboradora y panelista en Convenciones Nacionales e Internacionales desarrolladas en diversas Universidades del país. mariajosegoas@gmail.com