NUMERO 110 - setiembre

Resiliencia


La resiliencia a nivel individual es un gran aporte para el crecimiento psico-social de un ser humano, con proyección evidente a su entorno. En lógica secuenciación evolutiva surgen la resiliencia familiar, grupal, institucional (Pagliarulo 2015) y urbana.

La “Ciudad resiliente”, hecha realidad, es la culminación de las ambiciones de los investigadores, de los estamentos gubernamentales y de los habitantes de esa ciudad.

Mi posición con respecto a la cimentación de una Ciudad Resiliente Sostenible, esencialmente puede tener éxito mediante la educación de los ciudadanos, para que comprendan los factores de riesgo que los acosan y las fortalezas de que disponen. Además de empeñarse en la construcción de una representación social y una autoimagen social positivas de la ciudad/municipio/nación de pertenencia.

¿En qué consiste una Ciudad Resiliente? ¿Qué nexos tiene con la resiliencia urbana? ¿Qué función tiene la emoción “pertenencia/compromiso” para el logro de la resiliencia urbana? ¿Qué rol juega la representación social de la ciudad para sus habitantes?

Una Ciudad Resiliente Sostenible es aquella que promueve la satisfacción de las necesidades básicas, educa conforme con la jerarquización de valores, refuerza la identidad cultural, permite la democracia activa, su punto de mira es el desarrollo comunitario salutógeno, propicia la participación social, respalda las expresiones culturales, resalta la vida deportiva y el tiempo de ocio, da cabida al buen humor social y a la autoestima colectiva.

Todas estas expectativas no pueden pensarse ni realizarse sin la formación consistente de la Resiliencia Urbana, producto de la educación sistemática, continua, preventiva y basada en las competencias.

Una breve revisión de la historia de los agrupamientos humanos permite afirmar que “La ciudad, esté donde esté, siempre es una ciudad”. Ésta es una “complejidad organizada”, con su identidad cultural o individuación. Por ejemplo, no todas las ciudades son resilientes, pero pueden serlo en la medida que orienten la educación de sus integrantes hacia la construcción de la resiliencia.

 

Una descripción de un caso para entrar en el tema de resiliencia urbana

 

Rosario, Argentina, aproximadamente a las 17 horas; estación: primavera; características de ese período del año: lluvioso.

Situación y ubicación: las dos últimas horas de clase en una institución educativa de nivel primario y medio. La escuela está ubicada en el centro comercial y administrativo de la ciudad.

El informe metereológico había anunciado lluvias intensas. En el lapso de un tiempo muy corto se desencadenó una tormenta de lluvia y vientos excepcionales para el historial metereológico de la ciudad. En pocos minutos, se rompieron casi todos los vidrios de las ventanas y las persianas comenzaron a desprenderse de sus marcos. Los pasillos no eran refugios seguros porque hasta allí llegaban los vidrios de las puertas y de las claraboyas.

La institución, con una población escolar de alrededor de 600 niños y jóvenes, se transformó en un lugar donde no existía una mínima protección, las consecuencias dependían solamente del tiempo que durase el vendaval y la copiosa lluvia.

Si la descripción material es la de un desastre, por la posibilidad de lastimar a muchas personas, además de dañar la estructura edilicia y de los materiales eléctricos y de la enseñanza, la experiencia psicológica comunitaria fue de pánico.

 

No existían disposiciones, ni ordenamientos frente a semejante situación. Las autoridades, los docentes y los auxiliares no sabían ni podían contener la desesperación de los alumnos, algunos se arrinconaban para protegerse mutuamente y otros corrían y saltaban sobre los bancos.

 

La ciudad estaba en igualdad de condiciones, las líneas telefónicas se interrumpieron y la energía eléctrica se cortó –felizmente- porque de lo contrario, se corrían otros riesgos mayores.

Los padres, de algún modo, acudían a buscar a sus hijos, con lo cual la confluencia de personas ascendía, y dificultaba la salida ordenada y cuidada de cada grupo áulico.

 

Las calles circundantes estaban llenas de árboles y ramas caídas, persianas y otros objetos pendían inestables de los edificios. Se interrumpieron los medios de transporte. Otro aspecto de la ciudad devastada eran zonas anegadas, cables cortados, desagües obturados.

¡Una experiencia aterradora inolvidable!

 

            Los medios sociales mantuvieron la noticia del evento climático durante varios días, hablaron críticamente de lo sucedido, luego fueron reemplazadas por noticias de otro orden. Lentamente, se volvió a la normalidad; muchos alumnos terminaron sus estudios, varios docentes se jubilaron, cambiaron las autoridades, solo quedó el recuerdo que pasó a ser anecdótico porque el tiempo atempera las emociones y atenúa los temores.

              Las preguntas lógicas son: ¿esa experiencia nos hizo tomar conciencia de la envergadura de ese hecho climático, de sus consecuencias sociales, psicológicas, económicas? ¿Se estudió el hecho como fenómeno social? ¿Se organizaron comisiones de especialistas para preparar protocolos para actuar en situaciones semejantes? ¿Las escuelas y otras instituciones saben qué hacer frente a los acontecimientos de las mismas características?

              Creo que si se respondieron estos planteos y se tomó conciencia de las posibles consecuencias de la catástrofe, si se diseñaron acciones estratégicas ante tales situaciones, solamente de ese modo podemos afirmar que vamos hacia una resiliencia comunitaria.

                Este fue un caso excepcional para la ciudad de Rosario, pasados varios años se evidencia una mayor frecuencia de tormentas fuertes, con lo cual urge prepararse como comunidad para atenuar los riesgos, y saber cómo responder de forma resiliente.

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Elisabetta Pagliarulo es Licenciada en Historia y Profesora de Enseñanza Superior Universitaria en Historia; Licenciada en Ciencias de la Educación y Doctora en Historia. "Embajadora de Resiliencia" para Argentina por la Fez Iztacala de la Unam de México,invitada a disertar en los Congresos de la Comunidad Latinoamericana en Resiliencia, México; en la Universidad del Valle de México. En mayo de 2018, participó en la Cumbre Internacional de Ciudades Resilientes de la Asociación Mexicana de Resiliencia.