NUMERO 110 - setiembre

Filosofía y salud



[…] el cúmulo de problemas éticos que la medicina y, en general, la biotecnología, le han lanzado a la sociedad contemporánea es tal, que la ética ha pasado a ser un elemento ineludible para la toma de muchas decisiones, públicas y privadas. La voz del “bioeticista” es ahora valorada y se incluye ahora a filósofos morales en los “comités de ética” de las más diversas actividades e instituciones […] [1]

Eduardo Rivera López

Tal como se lee en el epígrafe, hoy no hay ninguna posibilidad de que las ciencias de la salud no acudan a la bioética para resolver los problemas filosóficos que tienen que ver con la vida; no solo la medicina, también el derecho, los derechos humanos (lo hemos visto recientemente en la discusión sobre la legalización del aborto), las religiones, la cultura, todo está en el centro de esta disciplina filosófica. La bioética tiene, entonces, su razón de ser, tiene principios. Basta recordar el principio de autonomía, básico para el ejercicio de la profesión médica y tantas veces puesto en tela de juicio, en contradicción, porque nos olvidamos que cada uno de los pacientes que tratamos tiene su propia autonomía, una expresión redundante para decir que cada uno es “dueño” de sus propias acciones y decisiones.

Esta breve introducción sobre la bioética nos prepara para conocer mínimamente su relación con el feminismo. Una de las fuentes teóricas que ha impactado fuertemente en esta disciplina a través de su principal queja, (una demanda muy actual): la supremacía del pensamiento masculino que resulta opresivo para las mujeres en varios niveles.

Según el feminismo, el pensamiento liberal establece dualismos poniendo a la mujer (a lo femenino) en lo más bajo; se podría decir, en el lugar de lo más primitivo de los dualismos. Para la bioética que surge de la mano del liberalismo, los hombres son racionales, activos, objetivos, mientras que las mujeres son irracionales, pasivas, subjetivas. Sin lugar a dudas, a los fines de tomar decisiones, se privilegian las cualidades que se consideran masculinas. Se las valoriza como más justas y más efectivas frente a la emoción, que no es útil a la hora de tomar decisiones.

Existen diversas estrategias de movimientos feministas que discuten con estos dualismos que dejan a la mujer en un estadio inferior al hombre. Una de ellas, aun aceptando que la mujer es más emocional que el hombre, la jerarquiza desde el punto de vista moral. Los movimientos de reforma social liderados por feministas que sostienen este tipo de estrategia, consideran que las mujeres son moralmente superiores a los hombres y que, por ese motivo, tienen una misión especial en la mejora de la sociedad.  Un punto de vista que intenta romper con el pensamiento dominante, otorgando “un rol fundamental a la experiencia femenina y a la cultura, a la psicología, a la imaginación y al lenguaje de las mujeres”. [2]

Otra corriente del feminismo, más relacionada con los movimientos actuales, niega de plano la superioridad de los hombres y lucha por la igualdad; son las que denuncian la exclusión de los espacios públicos. Y un tercer grupo, rechaza ambas categorías, es decir ni jerarquización ni sexualización de los dualismos; rompen con todo, tanto con la idea de que lo racional es superior a lo irracional, o emocional, como con los papeles sexuales tradicionales.

En el ámbito de la bioética, el feminismo, más allá de sus propias diferencias estratégicas, critica las tendencias de esta disciplina porque las considera enmarcadas en un punto de vista de aquellos más aventajados de la sociedad, esto es, de los hombres. Cuestionan el marco teórico predominante por abstracto y, en cambio, ponen énfasis en ciertos componentes de la moral a los que la bioética tradicional ha descuidado, y constituyen el contexto donde se desarrollan los vínculos que afectan profundamente la toma de decisiones de los pacientes en el ámbito del cuidado de la salud.

Haciendo un poco de historia. En los años 60 del siglo pasado, los movimientos feministas enfocaban su interés en aquellos problemas de salud que interesaban particularmente y de manera específica a las mujeres, tales como la natalidad y el aborto. Más tarde, en los 90, ya era reconocida a nivel académico como una teoría crítica del paradigma dominante y de la situación desigual de las mujeres y otros grupos sociales minoritarios.

A pesar de que el feminismo, en su relación con la bioética, aborda una serie de temas importantes, se lo ha asociado casi exclusivamente con los temas de salud reproductiva, la salud materno-infantil y las técnicas reproductivas. Es cierto que los grupos de mujeres, y así se demostró en la lucha por la despenalización del aborto, han tenido una enorme participación en estos temas, no solo en nuestro país, sino en todo el mundo, pero, no es menos cierto que el feminismo aborda otros temas que exceden la bioética femenina y que tienen una enorme importancia para la misma, como “los límites de la autoridad médica, el conflicto entre intereses comerciales y el bienestar del paciente”, entre otros. No menos importancia se le ha otorgado al papel de la mujer entre los que merecen un lugar destacado la discriminación de las mujeres como sujetos de investigación y la estigmatización de las mujeres VIH positivo.

 

 



[1] E. R. López; Los desafíos éticos de la medicina y la genética contemporáneas (Dossier) en Diálogo político; p. 11; s/f.

[2] Dra. Florencia Luna en  Introducción a la Bioética clínica (agosto/ 2016).

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Amalia Pati es médica clínica y licenciada en letras. Colaboradora de la revista de Letras de la Facultad de Humanidades y Artes - UNR y coordinadora de esta edición. Obtuvo el segundo Premio en el Primer Concurso Municipal de Ensayo 2005 con el ensayo: La tuberculosis y sus “metáforas” en el siglo XIX y principios del siglo XX: un debate abierto. Correspondencia a: amaliapati2014@gmail.com