NUMERO 112 - enero

Opinión



“Llamando al doctor” es una aplicación que funciona las 24 horas, los 365 días del año. Según  su fundadora, Ingrid Briggiler, su principal ventaja radica en que la persona es  “atendida” por el profesional de manera inmediata, sin traslados, y evitando largas esperas.

Se realiza desde una computadora, a través de videoconferencia, y permite al “paciente” preguntar al médico acerca de estudios y / o laboratorios realizados, síntomas o signos, remedios que está tomando, etc. Y favorece  al  médico al  estar en un lugar tranquilo, con horarios flexibles y honorarios acordes.

Las especialidades disponibles son: Medicina general, Ginecología, Obstetricia y Pediatría. Aunque la idea es que en un futuro se  agreguen  otras especialidades. Próximamente las recetas se realizarán de manera digital, y el paciente podrá ir directamente a la farmacia. En la actualidad, les llegan vía mail y el paciente las imprime. Lo cierto es que ya varias obras sociales prepagas cuentan con este servicio para sus afiliados, y se seguirán  sumando.

Sé que este sistema también existe en otros países de Latinoamérica y en Norteamérica. Esta aplicación también está disponible en España. No tengo datos fehacientes  del resto de los países europeos. Independientemente de esto, cualquier individuo, desde cualquier parte del mundo, con un ordenador con internet, puede acceder a un médico on-line.

Mi opiniòn al respecto, no es favorable desde ningún punto de vista: la consulta médica presencial, ya sea en guardia o programada en un consultorio, jamás podrá ser reemplazada por una consulta on line, por más trayectoria que tenga el profesional.

La mirada  real del paciente, en vivo y en directo, nuestra mirada al verlo entrar, su marcha, la fuerza en el apretón de manos, el olfato, la impresión general y, por supuesto, el examen físico palpatorio y auscultatorio (imposibles a través de una pantalla), son imprescindibles para una buena apreciación diagnóstica y un tratamiento correcto. Esto aplica para todas las especialidades nombradas, con un plus para obstetricia en la que existe una segunda vida en juego.

Ver una imagen (Rx, TAC, RMI) o un laboratorio a través de una pantalla, es solo eso, no tienen ningún valor sustancioso sin el examen completo y minucioso del paciente. Lo único que estaría, entre comillas, contemplado con este método, es el interrogatorio y el escuchatorio, ambos importantísimos, pero que cubren solo una parte de nuestra tarea como médicos. Por otra parte, por cuestiones lógicas, es más dificultoso establecer una satisfactoria relación médico-paciente a través de imágenes virtuales.

En conclusión, estimo que se debe ser muy cauteloso con este tipo de sistema, ya que podría aumentar la posibilidad de errores diagnósticos y terapéuticos.

Como paciente, no me quedaría tranquila ni me sentiría contenida. Como médica, no lo recomendaría ni participaría.  Reitero, el contacto integral, real, médico-paciente no puede ni debe reemplazarse por un contacto general, virtual y despersonalizado, ni en Argentina ni en ningún otro lugar del mundo.

                                                                       

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Jorgelina Presta es médica clínica y docente de la Cátedra de Clínica Médica de la Facultad de Ciencias Médicas de la Universidad Nacional de Rosario, Argentina. Es miembro estable del Comité Editorial del portal médico Clínica-UNR.org.