NUMERO 112 - enero

En el Arte también existen las historias de vida


Pocos pintores han gritado tan fuerte con los pinceles su conflicto personal

       El cuadro que ilustra la portada lleva el título de Baco enfermo o Sátiro con uvas (1594). Caravaggio pintó este autorretrato basándose en su propia experiencia personal. En 1589, a los dieciocho años, cayó enfermo de malaria y estuvo seis meses internado en Roma. En Italia se conocieron la mayor cantidad de casos de malaria y paludismo de Europa. Ya Dante, en el siglo XIII, escribió acerca de una fiebre que volvía las uñas azules y “hace que se estremezca todo”. La violenta anemia hemolítica que provocaba, hacía que la sudoración, los escalofríos, la hinchazón del bazo y la ictericia fuesen ampliamente reconocidas por los médicos romanos.
           En Baco enfermo, un sonriente Baco se encuentra sentado con el cuerpo de perfil y observando al espectador,  las rodillas en la penumbra; burlón y, ciertamente, poco divino. Está representado como un joven musculoso, con labios pálidos y de piel intensamente ictérica, claramente vinculada con el amarillo de los duraznos que se encuentran sobre la mesa, justo enfrente a él.


Baco (1596/1597) Óleo sobre lienzo, 98 x 84 cm.
Galería Uffizi, Florencia, Italia.

         Pocos años después de haber realizado Baco enfermo, Caravaggio volverá a pintar un Baco totalmente sano (Baco, 1596/1597), con un llamativo contraste. Al igual que ocurría con el primero, probablemente nos encontramos ante un autorretrato, con la pose frontal típica del pintor que se mira en el espejo para pintar sus propios rasgos. Es notable cómo Caravaggio renuncia, en estas obras, a las dos maneras típicas de pintar al dios Baco… como un viejo gordo y jovial o como un hermoso joven. Se pinta a sí mismo, con unos rasgos que distan mucho de la idealización de las pinturas del siglo anterior. De este modo, parece como si el personaje tan sólo se hubiera disfrazado de Baco, aunque no se trataría de un simple artificio: Caravaggio elige los símbolos de Baco para expresar su propia actitud refinada. La imagen es de una excelente calidad técnica. Por su sensación de realidad, son asombrosos los objetos representados; por ejemplo, el cesto de frutas maduras. Y es menester destacar su habilidad para describir los materiales, como podemos apreciar en la magnífica jarra redonda de vino, donde Caravaggio añade ese toque de inestabilidad y espontaneidad: el joven Baco nos ofrece una copa de vino, que casi se vuelca sobre nosotros, haciendo temblar y espumar sutilmente la superficie del líquido. Tanto las mejillas como las manos están sonrojadas y contrastan con la palidez de la piel, indicando un estado de ligera ebriedad. Sólo Caravaggio puede ofrecer tal grado de maestría a la hora de retratar la realidad.

         Caravaggio realizó numerosos retratos de Dionisio (en griego antiguo Diônysos). En la mitología clásica, Dionisos también conocido como Baco, es el dios de la vendimia y el vino, inspirador de la locura ritual y el éxtasis. En realidad, a Dionisio habría que considerarlo como el antagonista de Apolo, que representa los valores de la mesura, la serenidad y la razón. En cambio Dionisio simboliza  lo contrario, es decir, representa el exceso y la ebriedad, la exaltación, la fuerza y la inversión de los valores que, según los griegos, en ocasiones el hombre también necesita experimentar para su mejor equilibrio psíquico. De ahí que los griegos entendieran como una necesidad de su vida cotidiana el perfecto equilibrio entre lo apolíneo y lo dionisíaco, considerando de igual importancia en la vida tanto la imposición de la razón y la responsabilidad personal, como la osadía y el desenfreno.

 

El tañedor del laúd (1595)

          

          En principio, se pensó que el cuadro representaba a una joven dama, pero la evolución del estudio pictórico afirma que se trata de un muchacho con evidentes rasgos andróginos. Caravaggio logra uno de sus cuadros más bellos, donde la música es representada con un carácter idealizado y sublime. La indumentaria del muchacho es alla antica. El personaje está en un espacio privado. Huye de las composiciones que gustaban en Roma, es decir, la pintura de historia. La luminosidad de este cuadro es menor que en los anteriores. El contraste se produce entre el fondo negro (no es un negro puro) y el blanco de la camisa del muchacho.



Niño mordido por una lagartija (1596)

 

          Se aprecia, como siempre en Caravaggio, la incursión del mismo modelo, de caracteres andróginos, vestido alla antica, que puede ser un joven cualquiera del mundo popular. Ese gusto de representar la realidad, se aprecia en esta composición pintada  al óleo. El muchacho, al sentir la mordida de la lagartija, mezcla el dolor con la sorpresa de forma extraordinaria. Frunce el ceño. Y con respecto a las frutas y su textura, el color es vivo como en toda su obra de juventud. También se destaca el tratamiento del cristal con luces y brillos de tintes misteriosos.

 

Cabeza de Medusa (1597)

           Según la mitología clásica, Medusa era un monstruo con cuerpo femenino y cabellera compuesta por serpientes venenosas. Su mirada petrificaba a los que osaban acercarse a ella. El héroe Perseo se enfrentó a ella, utilizando el reflejo de su escudo para localizarla, sin mirarla. La decapitó y empleó su cabeza petrificadora como escudo, al tiempo que de la sangre del monstruo nacía Pegaso, el caballo alado. Esta explicación mitológica conduce al tema iconográfico de la cabeza de Medusa, frecuentemente empleado para adornar escudos. Y esto es lo que constituye el cuadro de Caravaggio, que no es sino un tipo de escudo circular, empleado para torneos. Esta rodela no fue nunca empleada en batalla, sino que funcionaba como un emblema para el cliente que la encargó. Caravaggio recurre nuevamente a un rostro distorsionado por el dramatismo, con el cuello chorreante de sangre, y las serpientes erizadas alrededor de un rostro que todavía petrificaba la sensibilidad de aquéllos que se acercaban a contemplar la obra.


Sacrificio de Isaac (1603)

        El Sacrificio de Isaac fue un tema que Caravaggio abordó en varias ocasiones, utilizándolo para hacer una contraposición tan de su gusto, entre el padre anciano, un tipo humano muy interesante, y el hijo adolescente, modelo de belleza. Este contraste entre vejez y juventud, fealdad y belleza, lo inició Leonardo, quien consideraba que de este modo la belleza era mayor, al ser comparada con su antítesis. También los movimientos están opuestos: el del padre, con el cuchillo y la sumisión del joven, al tiempo que el ángel detiene al anciano. La cabeza del carnero, que será el sustituto de Isaac en el altar, aparece perfectamente integrada en la composición, y no como un elemento milagroso que Dios envía a Abraham para evitar el homicidio.  También aparece un tronco de árbol (un trozo), como símbolo de la hoguera y del posterior sacrificio del carnero.


Joven con frutas (1593)

            El cuadro ofrece algo que podría tomarse como una instantánea fotográfica, dado el realismo y la espontaneidad del modelo. Los aspectos naturales como el cesto de frutas, son fieles y se realizan con una minuciosidad enorme, mucho más que la del cuerpo del muchacho, que pasa a un segundo plano. Por otro lado, no está acostumbrado a pintar el cuerpo humano (modelos siempre de la calle, nada de estereotipación) y comete algunos fallos en la anatomía (el cuello alargado , por ejemplo,resulta algo irreal). El colorido sigue siendo brillante, aunque con el paso de los años tenderá a oscurecer más sus composiciones.


  La incredulidad de Santo Tomás (1602)

            El cuadro muestra la escena evangélica del milagro de la resurrección de Cristo ante tres de sus discípulos, cuando Jesús, tomando el dedo de Tomás, lo introduce en su costado para hacer desvanecer las dudas que Tomás aún alberga acerca de la identidad de Cristo. Una escena absolutamente fascinante !  Creador del tenebrismo o “caravaggismo”, el artista deja con la boca abierta a todo el siglo XVII con este intenso efecto lumínico, donde los motivos aparecen fuertemente contrastados con luces intensas y oscuridades profundas. Es una pintura ejecutada sobre lienzo hacia 1602, al comienzo del Barroco (siglo XVII), y cuyas dimensiones son 107x146 cm. Está expuesta en el Neue Palais (Nuevo Palacio) de Postdam, Alemania.



Breve referencia bibliográfica

Michelangelo Merisi nació en Milán en el año 1571, aunque no tardó en mudarse con su familia a Caravaggio, ciudad de la que acabaría tomando su nombre artístico. Apodado Caravaggio, se considera como el mayor exponente de la pintura barroca. Pero el genial artista tuvo una azarosa vida, en la que las controversias y los hechos luctuosos fueron una constante (incluido un asesinato). No obstante, a pesar de su difícil y díscolo carácter, su genialidad le permitió trabajar para los grandes mecenas de su tiempo, aunque al final tuvo una muerte poco gloriosa en Porto Ercole, donde sucumbió víctima de una fiebre en 1610.

 

 


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María José Goás es oriunda de La Plata. Se ha desempeñado como docente en Artes Visuales, Historia del Arte y Diseño Industrial en numerosas Instituciones de su ciudad natal y en el Atelier de las Artes que fundó en el año 1984. Por su actividad en Investigación, Gestión Cultural y Producciones Visuales interviene como colaboradora y panelista en Convenciones Nacionales e Internacionales desarrolladas en diversas Universidades del país. mariajosegoas@gmail.com